El Señor de los Caballos Hotel – Spa

Historia

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Por más de 200 años en nuestra tierra se ha atesorado un profundo conocimiento de la agricultura. Vinces tierra productiva por excelencia y tradición del Ecuador, es cuna de los mejores productos: el Cacao Fino de Aroma, del cual se fabrican exquisitas bebidas y los más finos y deliciosos chocolates, desde la época de la “pepa de oro” a nuestros días; el Banano fruto de inmensa dulzura y alto prestigio y arraigo cultural dentro y fuera de nuestras fronteras y los productos lácteos, fuente de salud y gran sabor.

Nuestra legendaria Hacienda es parte histórica de este gran reconocimiento, un legado de generación en generación que hemos vivido, sentido y saboreado. Por todo ello tenemos un verdadero deseo de compartir esta cultura ancestral con huéspedes y visitantes. Venga, sea parte de esta gran experiencia en lo que hoy hemos llamado “Parque del Señor de los Caballos, Hotel – SPA”.

Nos hemos esforzado al máximo para lograr el primer Parque y Hotel Agroturístico de categoría internacional. Situado en lo profundo de la tierra vinceña, su entorno paradisíaco, rodeado de plantaciones de Cacao, Banano, Teca, Guachapelí y Caña, con áreas de gran valor ecológico se abre al mundo como la mejor opción de buen hacer y hospitalidad.

…pero la aventura no termina ahí: conozca a través de nuestras rutas propuestas, a pie, por agua, en bicicleta o a caballo un sinfín de atractivos y estaciones, como los lácteos, las maderas, el avistamiento de aves, la casa del ángel, los humedales naturales, y próximamente las plantas medicinales y aromáticas, la lombricultura, el mariposario o los festivales y jornadas culturales.

“Recorra sus estaciones, conozca los juegos tradicionales, artesanías y fiestas con sus destrezas populares”…te encantará!

¿Porqué el nombre?

Antiguamente el predio que hoy conforma el Señor de los Caballos eran potreros donde solo había ganado caballar, esto es yeguas, padrillos, capones, potros, potrancas y mulares. Tal vez sea válido recordar que en ese tiempo el principal medio de locomoción incluso para grandes distancias era el caballo; pero no se usaba al animal solamente para eso, sino que era bueno prácticamente para todo; carga, manejo de ganado, orgullo del propietario, etc.

Todos los años el patriarca se reunía con sus vaqueros, amigos y compradores de caballos el 12 de Octubre (día de la raza). La gran celebración que el llamaba “la fiesta del caballo” era muy conocida en todo la región y tenía como atracción principal el rodeo montubio donde todos sus hijos apredían de los vaqueros más experimentados, lo que se dio a llamar “suertes montubias” que incluían la lazo con mano y con el pie, pial y doma de chúcaros. El premio al vaquero más destacado era siempre el mejor caballo de la camada.

Resultaba ser que todos los años y desde que era muy joven el ganador era Jorge uno de sus hijos varones, también conocido como el coronel por su disciplina, concentración y competividad en todos los actos de su vida.

El coronel entonces, a sus caballos dandy, llamarada, rayo errante y flecha entre otros, los engreía y cuidaba; ellos a su vez lo retribuián de la misma forma, estableciendose una relación casi familiar que propicio que todos en los alrededores lo llamaran el señor de los caballo.

Posteriormente y cuando el patriarca murió, el coronel Jorge o el señor de los caballos al hacerse cargo de las haciendas le prestaba especial atención a esta cuidándola como un jardín y manteniéndola como un parque en razón de que su orgullo era mantener la tradición de su padre y mostrar con satisfacción sus animales.

A partir de esto devino casi lógicamente que vecinos y conocidos empezaran a llamar al predio el “Parque del señor de los caballos”.

De allí pues el nombre y el homenaje a un montubio noble, bueno y generosos como mi hermano Jorge.

La Leyenda de la casa del Ángel

Cuenta la leyenda que los mejores derivados de lácteos y cacao eran siempre almacenados en una pequeña casa del Rancho “Don Antonio”.

Al ser estos cada día mejorados en su proceso, el inventario de todos los productos empezó a disminuir en vez de aumentar, esto, sin que se registren ventas de los varios productos que se almacenaban.

La pequeña casa en donde eran almacenados los productos, parecía no tener las seguridades apropiadas, aunque nunca se vio a persona alguna.

Hubo hasta tres guardias por noche, pero nunca se vio a nadie, y la disminución en la cantidad de productos continuó.

Solo quedaba una solución… que alguien duerma en la casa… y fue así, uno de los colaboradores decidió dormir, y este, la mañana siguiente comentó… ya se quien fue, lo vi entrar y salir, no es de por aquí, es un ángel… me dio la bienvenida, me dijo que esta era su casa, y nos agradeció por todo lo que le venimos a dejar a diario, me pidió disculpas… y me advirtió que jamás iba a dejar de venir a comer nuestros productos, ya que estas delicias no las encuentra ni en el más allá…

Por esta razón bautizamos a nuestros productos como los productos de la casa del ángel, y hasta el día de hoy él visita su casa.